El Ganges, el río sagrado del hinduismo, viaje a la India

A finales del año pasado tuve la oportunidad de recorrer completamente el río Ganges, el río más sagrado del planeta, desde su nacimiento en el Himalaya hasta su desembocadura en el Golfo de Bengala: 2524 km realizados a pie, en bicicleta y en kayak en una aventura formidable. Todo ello durante mi viaje a la India.

Pero en India el Ganges es algo más que un río sagrado: es una diosa, denominada “Ganga”. Su importancia para el hinduismo es crítica, fundamentalmente porque provee acceso directo al Nirvana. También se cree que el río elimina un pecado por cada inmersión en él, de ahí que resulte muy común ver a hinduistas acudiendo a sus aguas para bañarse, lavar su ropa, meditar o rezar.

El origen del Ganges según la mitología hindú es realmente fascinante. Cuenta la leyenda que el rey Sagara tuvo 60.000 hijos. Un día, el dios Indra le robó a Sagara su caballo y éste, muy enfadado, envió a todos sus hijos alrededor de la Tierra para encontrar al animal, que fue finalmente hallado en el inframundo. Allí se encontraba también un sabio, llamado Kapila. Los hijos de Sagara pensaron que el sabio era el autor del robo y le pidieron explicaciones. Molesto éste porque su meditación había sido interrumpida, hizo arder con su mirada a los 60.000 hijos de Sagara, haciendo además que sus almas fueran condenadas a deambular por el inframundo eternamente.

Para ayudar a que las almas alcanzaran el cielo, el rey Baghirati –otro descendiente de Sagara- pidió a Brahma (dios creador) que le ayudara. Brahma lo meditó mucho y finalmente le dijo que podría enviar a la diosa Ganga desde el cielo para que purificara con sus aguas las cenizas de los difuntos. Pero la caída de Ganga desde el cielo hasta la tierra sería muy peligrosa y corría el riesgo de destruirla por completo; así que pidió ayuda al dios Shiva, para que sus cabellos rizados amortiguaran la caída. Shiva accedió y, una vez en la tierra, Baghirati condujo a Ganga hasta el océano, desde donde pudo acceder hasta el infierno y liberar a las desafortunadas almas de los 60.000 hijos de Sagara.

 

La visión del indio medio está tan influenciada por su religión que para ellos el Ganges no es en absoluto un río contaminado, ni sucio, ni mucho menos impuro: ¡se trata de una diosa! Desde nuestra visión occidental –algo más objetiva-, el Ganges se trata posiblemente del río más contaminado del mundo. Un dato significativo: se estima que el agua contiene un millón y medio de bacterias coliformes por cada cien mililitros, cuando lo normal para bañarse de forma segura rondaría las quinientas bacterias. Así que mejor no tragar agua.

La terrible polución del río no se debe únicamente a la gran cantidad de cadáveres de animales y personas que se vierten a sus aguas (sólo en Varanasi más de 200 cadáveres son cremados –y arrojados al agua- diariamente), sino también a la gran cantidad de ciudades y fábricas que arrojan al río sus aguas residuales y vertidos industriales respectivamente, creando un problema ecológico de verdadera consideración. Curiosamente, en el Ganges vive una especie de delfín que es ciego debido a la insalubridad del río. En multitud de ocasiones pudimos verlos, pero fue imposible fotografiarlos.

El nacimiento del río constituye sin duda la parte más aconsejable de su recorrido. El Ganges tiene dos fuentes principales, que nacen ambas en el estado de Uttaranchal: el Baghirati (la más lejana) y el Alaknanda (la más caudalosa). Técnicamente, por tanto, el origen del río es el origen del Baghirati, de forma que nos dirigimos al Glaciar de Gaumukh (situado a 4100m de altitud) para llegar a la denominada “Boca de la Vaca”, un lugar muy sagrado para el hinduismo. En este glaciar recogimos una botella de agua que dos meses más tardes verteríamos en la desembocadura del río, en Ganga Sagar (Bengala del Oeste).

Allí, en pleno Himalaya, se pueden disfrutar de paisajes formidables. Por encima del glaciar donde nace el río se asientan varias montañas de más de 6000 y 7000 metros. El acceso a Gaumukh es sencillo desde Gangotri (último pueblo con carretera), situado tan sólo a unos 18km de distancia. Se puede pernoctar fácilmente en el ashram (templo hindú) de Bojbhasa, que está a sólo 4 kilómetros del glaciar.

Unos 200km más adelante, ambos ríos (Baghirati y Alaknanda) se unen en la ciudad de Deoprayag. Es a partir de ahí cuando el río comienza a denominarse oficialmente “Ganges”. En este punto hemos perdido ya mucha altitud y los paisajes iniciales de montañas y valles empiezan a desaparecer.

Una vez que el río alcanza Rishikesh (meca del yoga y la meditación) y Haridwar (situada ya a sólo 300m de altitud), se considera que comienza la planicie gangética. Aquí, el Ganges y sus afluentes forman una cuenca de casi un millón de kilómetros cuadrados donde viven unos 700 millones de personas (¡un 10% de la población mundial!). Pudimos vivir en nuestras carnes tal densidad de población, ya que con frecuencia una parada para tomar un té se convertía en un espectáculo de hasta doscientos espectadores.

La siguiente ciudad clave en el recorrido del río Ganges es Allahabad. Allí se une al Ganges otro río muy importante, el Yamuna (que discurre por Delhi y por Agra). En el punto de confluencia de ambos ríos (Sangam) se llegan a bañar hasta 70 millones de personas durante el Kumbh-Mela, una peregrinación que tiene lugar cada doce años.

Unos kilómetros más adelante se llega a la mítica ciudad de Varanasi,  una de nuestras últimas etapas en el viaje a la India, viaje mochilero, por supuesto. El río sigue su curso hasta la presa de Farakka, donde el Ganges se divide en dos ríos: el Hoghly (primer ramal) y el Padma (que hace frontera con Bangladesh y termina en los Sunderbans). Nosotros seguimos el primer ramal, de forma que pasamos por la ciudad de la alegría, Calcuta, y finalizamos en Ganga Sagar, otro importante punto de peregrinación hindú.

En definitiva, un viaje tan intenso como haber vivido toda una vida.

Este artículo y sus fotografías ha sido realizadas por nuestro colaborador Gonzalo Suardiaz alocai.

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